El Performance o las llamadas Artes del Cuerpo, aparecen en la escena artística nacional a finales de la década de los 50, como una forma de protesta que critica el peso de un sistema del arte tradicional y anquilosado, cerrado a nuevas prácticas artísticas. El objetivo era transgredir los espacios legitimados del arte, -como el Salón Nacional de Artistas,- realizando performances a modo de ataque al sistema. Tomando esta postura anti-sistema como punto de partida, llegamos hasta la institucionalización del Performance, convertido a finales de los años 80 en “perro de museo”[1] y finalmente aceptado por la crítica del arte[2]. Hoy en día el performance no solo está presente en salones de arte, ferias, galerías y museos, sino que existen múltiples festivales y bienales dedicados exclusivamente a su difusión.