Figuras suspendidas de Joaquín Restrepo en la cúpula del MAC, Tempus Meum
Vista de la instalación en la cúpula del MAC. Foto: MAC

Tempus Meum

Tempus Meum · Joaquín Restrepo · Curaduría: Ana María Escallón

12 de septiembre – 7 de noviembre de 2026

El arte es tiempo sin tiempo. Una imagen puede comenzar en un dibujo, quedarse guardada durante años y, cuando el artista regresa al taller, ya él es otro. El artista que hizo la primera línea trabajaba una idea y, cuando vuelve a encontrarla, ya tiene otro significado. Ya nada es lo mismo. La obra mantiene el pasado, el presente y el futuro dentro de la misma forma.

Tempus Meum, Mi Tiempo, estará en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá para hacer visible esta duración de la creación. El visitante asciende, desciende y vuelve a mirar desde otra altura. El museo entero se convierte en una gran escultura. Y, durante sus días de exposición, cada regreso trae la diferencia de otro tiempo en la memoria.

“Nada de lo que ha dado color a la existencia tiene todavía su historia”, escribe Nietzsche en La Gaya Ciencia. Amor, lujuria, envidia, piedad, crueldad. El miedo está ahí. La pérdida también. El tiempo de la memoria es un ejercicio continuo de la propia identidad.

Las obras de Joaquín Restrepo llevan una fuerza expresiva en la figura humana: un cuerpo inclinado puede guardar una antigua derrota; un abrazo detenido y amarrado conserva el impulso de alcanzar a otro ser. Un pie sesgado lleva la carga de un tropiezo o es un paso adelantado. Todo lleva a la conexión del individuo con su mundo en la dialéctica del sujeto-objeto. El primero se construye como tal al ser sujetado por el lenguaje, por la mirada de los otros y por la sociedad.

Escultura enjaulada de Joaquín Restrepo, Tempus Meum, en el MAC
Vista de sala, Tempus Meum. Foto: MAC

Cada pared tiene un color propio: son límites trazados y también conocimientos compartidos. El universo simbólico y la cosmovisión convenida cimentan la sociedad, cuya tarea es pautar y articular la conexión del individuo con su mundo. Ese color regresa en algunas esculturas. Las líneas que recorren los tres pisos traen las cartografías de la memoria. El color es un referente espacial que orienta la mirada, enlaza las obras y deja aparecer una geografía de presencias y ausencias.

Torso en resina de Joaquín Restrepo, Tempus Meum, en el MAC
Vista de sala, Tempus Meum. Foto: MAC

En el centro aparecen cuerpos grisáceos, opacos, gastados. Sus manos quedan detrás de la espalda. Bajo sus extremidades se abre una sombra, un lugar por donde otro cuerpo puede pasar. Las líneas de color atraviesan un vacío y los brazos y las piernas se prolongan mientras conservan la memoria de unos barrotes. El encierro permanece en la forma y se convierte en recorrido, tensión, apoyo, posibilidad del peso que construye el lugar.

El Ouroboros acompaña esta experiencia. La serpiente vuelve sobre sí misma; el visitante también. Dibujo, pintura, imagen digital, metal y resina pertenecen a esos tiempos lentos en los que una forma envejece, cambia y vuelve a empezar.

Pieza escultórica azul de Joaquín Restrepo en el exterior del MAC, Tempus Meum
Pieza en el exterior del MAC. Foto: MAC

Tempus Meum, mi tiempo, reúne historias. Las de la creación, las heredadas, las pérdidas y las recuperadas.

Y volvemos al vacío.
Está en el mismo lugar.
Ya pasó el tiempo.